jueves, 10 de abril de 2014

Arrigúnaga, el origen de la VIDA



Arrigúnaga… “Aquí inventé que la vida sobre  la tierra había nacido de estas olas” Ramiro Pinilla

 “En el principio, no existía VIDA en nuestro planeta”. (7)
ni gorjeos de pájaros,                                                                                                                   ni rumor de voces,                                                                                                                        ni ladridos de perros,                                                                                                                        ni el silbido del viento entre los árboles …                                             ni rastro de seres vivos.                                No había VIDA.                                                                                                                                        
Sólo había rocas y volcanes  y montes y valles desolados. Y agua, mucha agua en los océanos. Y flotando en ella,  unas sustancias inertes, el oxígeno, el hidrógeno, el carbono y el nitrógeno…

 Pero a eso de las cinco y media de una madrugada, los rayos del sol y ciertos ácidos del  océano envolvieron a aquellas sustancias inertes que chocaron y se penetraron entre sí y se produjo LO NUEVO.  “Lo Nuevo (el salto de la NO –VIDA a la VIDA) había tenido lugar en un punto insignificante del Océano, frente a la playa que mucho tiempo después, se llamaría de Arrigúnaga, pero iba a extenderse lentamente por todo el Planeta” ( 8)

Y  así fue la génesis. Los cuatro elementos primigenios Carbono, Hidrógeno, Nitrógeno y Oxígeno entraron en contacto unos con otros “en una especie de acto de amor” y fabricaron el primer bichito. Y éste, con el tiempo, se convirtió en dos bichitos y luego en tres y cuatro y cinco y… en miles de millones. Y de aquella mar ya llena de bichitos algunos se salieron del agua.

“Una madrugada, en el instante más bajo de una bajamar, abandonaron el Océano y pisaron la playa de Arrigúnaga cuarenta y ocho bichitos verdes. Carbono, Hidrógeno, Nitrógeno y Oxígeno se miraron, orgullosos de su obra. Aunque, de pronto, les sobresaltó una visión de lo que sería el futuro. Y se estremecieron. 

Pudieron ver cómo aquellas cuarenta y ocho criaturas verdes que inauguraban la Vida sobre la tierra, en el transcurso de millones de años se convertían en reptiles, y luego en aves, en mamíferos y finalmente en hombres. El horror de Carbono, Hidrógeno, Nitrógeno y Oxígeno se originó cuando vieron la crueldad con que se comportaban estos hombres.”  (10)

 Los cuatro elementos iban previendo que el futuro seria difícil porque unos pocos hombres explotarían o esclavizarían a otros muchos, unos pocos que acapararían riquezas y poder … Pero también ven que no todos los hombres serán igual. Habrá un clan, el de los Baskardo, en el que siempre habrá un Txiki, que tendrá un hijo Txiki, que a su vez, tendrá otro con el nombre de Ttxiki que “tomará del mundo sus verdades y rechazará sus mentiras. (…) Luchará por salvar al hombre de las trampas que le haga inventar su miedo o el fanatismo de los otros hombres. Y su mirada estará llena de esperanza” (p.11) porque él marcará  el camino para que el hombre no sea un lobo para otros hombres.

Y la esperanza de un mundo mejor vence al mal augurio de un mundo horrendo. Y así, como quien retiene la respiración “expectantes, sin mover un solo dedo, las miríadas de bichitos de la mar contemplaron el arduo ascenso de sus cuarenta y ocho hermanos por las arenas de la playa de Arrigúnaga.   Y así empezó TODO” (11)

“Por fin aquel rincón de  la tierra donde empezó TODO recibió un nombre: Getxo. (…) Y la playa (…) se llamó de Arrigúnaga, por sus muchas piedras”(115)

                                Andanzas de Txiki Baskardo, ed. Libropueblo 1980


miércoles, 12 de marzo de 2014

La playa de ARRIGÚNAGA, el embrujo



Me llevaron a Getxo siendo un bebé, con menos de un año, y allí pasé todos los veranos de mi niñez en un caserío desde el que se veía la playa de Arrigúnaga”

El caserío al que alude Pinilla es el ya desparecido caserío Arrune que ocupaba una parte del espacio de lo que hoy es la zona ajardinada, con parque infantil incluído, que se conoce como Las Campas de Arrigúnaga.

A un tiro de piedra está la  playa, enmarcada hacia un lado por el acantilado de La Galea y hacia el otro por la peña Abasota. Este arenal, el más septentrional de cuantos se encuentran en el Abra, es la playa de Algorta.

 “La libertad es la infancia: yo descubrí la libertad en la playa de Arrigúnaga”.  Fue aquí, en este entorno, donde quedó atrapado,  disfrutando, durante los trece primeros veranos de su vida, “con las playas, las pescas, las cacerías, todo el verano en alpargatas, medio desnudo…” Y  fue, hasta que duró, el contrapunto a la rigidez de la vida de estudiante del resto de los meses del año en los que tenía que ir  “al colegio Santiago Apóstol, de frailes, de ingrato recuerdo”, en Bilbao. Supe lo que era la libertad a través del choque que se producía cuando el último día de septiembre cogíamos el tren para Bilbao.”

La guerra civil rompió las vacaciones veraniegas en el caserío, pero no pudo romper el embrujo de la playa de Arrigúnaga. Porque tuvo claro que un día volvería a Getxo para vivir definitivamente.  

El embrujo de la playa… “Es irremediable, siempre se vuelve a los orígenes. Apoyándome en todo aquello, he creado mitos, leyendas y personajes, historias que han partido de mi pequeña patria, de la playa de Arrigúnaga. Para mí es mágico, pero en sí mismo no es mágico. Pero de mayores tenemos perfecto derecho a idealizar la infancia, y algunos lo escribimos. Para mí la playa sigue siendo la misma. Doy un paseo por La Galea y siempre la miro y sigue tan hermosa y nostálgica como siempre”

 Arrigúnaga en euskera significa lugar de piedras, lugar de rocas.

Son varias las rocas que enmarcan esta bellísima playa. Por la izquierda, la roca Abasota, que se adentra en el Abra. Por la derecha, al pie  del imponente acantilado de La Galea, la peña de Kobo. En el centro, y a poca distancia del lugar donde rompen las olas, están las rocas de Eskarrakarramarro, que de cuando en cuando se hacen visibles, como comenta uno de los hijos de la marquesa en su día de playa.” La playa se ha hecho más grande con la bajamar. Nunca he visto antes tantas peñas descubiertas.” (La tierra ..., 26)

Esta playa se sitúa al pie de las ruinas de un castillo “un conjunto de viejos muros de piedra arenisca (…) derruidos, gastados lo que quedaba de ellos por el viento y la lluvia, con oquedades pulidas en muchas piedras, sin forma adivinable de castillo, y habría pasado por cualquier otra cosa de no contar con la leyenda, que lo atribuía a los moros, y a su misma situación estratégica, pues aquello, fuese lo que fuese, fue edificado sobre el monte que dominaba la playa, en la parte central de ésta”...( Las ciegas hormigas, 163) Desde estas ruinas se abarca en su totalidad la playa. Es una vista extraordinaria.

En el talud formado entre la playa y la terraza algo ondulada que ahora es zona ajardinada quedan unos tamarises, arbustos que debían ser muy abundantes en aquellos años cuando el escritor era niño,  y que daban cobijo a multitud de pájaros y a algunas  parejas que aprovechaban el ramaje y la sombra para sus arrumacos, cuando estaba mal visto exteriorizar el amor o el deseo. Y Pinilla, de chico, lo vio en sus correrías por estos sitios y ambas cosas, refugio de pájaros y parejas, recuerda y recrea Pinilla en pasajes de algunos libros. Ahora, casi ni los pájaros tienen cobijo porque los tamarises han ido desapareciendo. Y las parejas ya no necesitan esconderse tanto.

mitos, leyendas y personajes, historias…

Esta playa es un lugar mítico en la obra de Pinilla.“Casi todas las historias que he escrito han encontrado inspiración en esta playa que es el centro de mi mundo real y mi mundo imaginario.”

Son numerosísimas las escenas que tienen en la playa su centro. He aquí algunas de ellas.
               
- Tarde de pesca de los hijos de la marquesa en Arrigúnaga, con la leyenda de El Negro, el gigantesco congrio que se mueve por sus aguas (La tierra .., 26-30.). El mito del Negro aparece por primera vez en Las ciegas hormigas. Y lo retomará años después en  Andanzas de Txiki Baskardo (58).

- Partidos de fútbol de los marinos de los cargueros ingleses entre ellos y, posteriormente, contra un equipo de Getxo (La tierra convulsa, 95-98)

-Apareamiento de Roque e Isidora (La tierra convulsa, 210-218)
Estábamos en el estudio de su casa Walden, en Getxo, y le pregunté cuál era la escena de la playa que más le gustaba. Él contestó que el episodio de Roque e Isidora, cuando vienen de La Arboleda.
- Cuando Roque se folla a Isidora – dice Lucía-, como hacen los Baskardos con sus hembras en el mar.
- No. Isidora se lo folla a él,- le corrige Ramiro.

-Fabiola está en la playa arengando a los trabajadores en el  Primero de Mayo por la revolución social. Roque se acerca. ¿Es Isidora? Hace con ella lo que en Getxo hacen los Baskardo de Sugarkea con las hembras en el mar... (Los cuerpos desnudos, 181-186)

-Etxe, madrugador impenitente, visitador de la playa a primeras horas de la mañana, “que buscaba los míseros tesoros que la mar arrojaba la noche precedente” encuentra la Gran Madera, el Catafalco, el Altar... y los bueyes de Larreko la arrastran hasta la Campa del Roble.  (La tierra convulsa, 332-337). Es la leyenda de La Venta.

-Martxel, Jaso y Fabiola van, semidesnudos, a pesar de la oposición de su madre, desde su casa hasta la playa. Allí, por la noche, bajan a pescar los Baskardo de Sugarkea. (Los cuerpos desnudos, 47-53)


-“Jamás maginaría Etxe que alguna vez encontraría en Arrigúnaga lo que encontró aquella madrugada”. Leonardo, uno de los gemelos, hijos de Roque y Madia o Magda estaba atado a una roca con una argolla al cuello y cubierto por el agua de la pleamar. (Los cuerpos desnudos 335-337). En la nueva novela Solo un muerto más ( 2009) desvelará la muerte por asesinato. Novela policíaca protagonizada por Samuel Esparta, el alias del librero Sancho Bordaberri 

miércoles, 19 de febrero de 2014

La ermita del Ángel





...”la ermita, aquel cajón, poco más que un cobertizo, construido al pie del gran roble en cuyas ramas Totacoxe, soltera, dijo que veía al Ángel, de modo que aquello se llamaría por siempre la ermita del Ángel. (La tierra convulsa, 62-63) .


En el barrio de San Baskardo,  La Venta y La Ermita,tan juntas, no se entienden  la una sin la otra.

 Antes de que Ermo se dispusiera a levantar los muros de La Venta se personó un clérigo con documentos que testificaban que aquel Mostrador era el Altar de San Pedro de Roma. O sea que el título de propiedad, además de Etxe y Larreko, tiene un nuevo demandante: la Iglesia.

Resulta que en el siglo II los vikingos expoliaron la Basílica de San Pedro de Roma y se llevaron el Altar, donde se realizaban los Oficios Santos, hacia sus tierras del Norte. El Papa de entonces mandó hacer una réplica exacta y los fieles ni se enteraron. La fe continuó intacta.

Durante mucho tiempo no se supo más de él en aquellas tierras norteñas. Pasaron los siglos. Fue en el siglo XII, cuando un Papa tiene noticia de un testamento vikingo en el que un “bloque de madera” pasa de padres a hijos. Los emisarios del Papa rastrean por aquellas tierras bálticas y, al fin, lo encuentran en una plaza pública de un pueblo con una estatua de un hombre de madera con una jarra en la mano en pose de cantar. “El conjunto era un monumento al borracho”. Los emisarios atestiguan que, por las marcas del tallador romano en el bloque , era  el Altar robado unos siglos  antes. Pero hay otra prueba definitiva que lo confirma: la relación de aquella madera con el vino.

Una vez comprado el bloque lo embarcan rumbo a Roma, pero nunca llegó. En el Cantábrico naufragó la embarcación. Y en la playa de Arrigúnaga,  Exte lo vio primero Y Larreko lo subió con sus bueyes hasta la Campa del Roble.

El clérigo mostró los documentos en la Campa: uno de los archivos vaticanos, con sus características y dibujos y otro documento, el recibo de compra, que pudo llegar a Roma al ir por vía distinta de la del galeón.

 Y cuando alguien apostó un prado de hierba por Dios, como propietario de aquel bloque, quedó claro que se abrían más posibilidades de apostar. Más apuestas, pues.

El clérigo reclama el Altar para la ermita. . “Habrá que arrastrar el Altar hasta aquí, hasta el sitio de la ermita” (La tierra convulsa, 361). El Jaunsolo, señor de Getxo, está de acuerdo pero sería su ermita y la pieza sería de todos los vascos. Así se acabaría con la discusión o la indefinición de su pertenencia. Pero eso la gente no lo entiende porque en definitiva la ermita sólo sería del señor.

Sabemos que, ajeno a toda discusión, Ermo fue levantando las paredes de lo que después sería La Venta. Y dentro, la gran madera transformada en Mostrador.

Y al mismo tiempo se iba edificando La Ermita del Ángel. Dice la tradición que la estatua de El Angel tenía unas facciones como las de aquel  que había dejado embarazada a Totacoxe.

Luego, “Dos siglos más y La Iglesia, el templo cristiano, construido a un tiro de piedra de La Ermita, sobre una leve colina” (La tierra convulsa, 371)

Sin embargo, parece que un sector de la Iglesia no ha dejado de recordar que el Mostrador de la Venta es aquel Altar robado por los vikingos hace muchos siglos y lo sigue reclamando para la Ermita o para la Iglesia próxima.  En El cementerio vacío, (p.83)  Pinilla hace de pasada una mención a este conflicto, cuando  Don Pedro Sarria, el párroco nacionalista de Getxo le dice a Samuel Esparta que el coadjutor Ignacio Artigas, “quiere sacar de La Venta nuestro mostrador para ponerlo en la Iglesia como altar…”






lunes, 3 de febrero de 2014

La Venta


                                          La Venta


                              La Campa del Roble con la ermita del Ángel y detrás, La Venta

En el barrio de Andra Mari, muy cerca de la coqueta Iglesia, en la confluencia de la calle Maidagán con la avenida del Ángel se encuentran  dos edificios muy juntos: una vieja taberna, hoy restaurante, de nombre La Venta y, a su espalda, la ermita del Santo Ángel 

Cronológicamente, la primitiva Iglesia  fue la primera edificación del barrio, allá por el siglo XII; unos siglos más tarde, se edifica la ermita (el altar data del siglo XVII) y en la fogueración o censo de hogares para cobro de impuestos de 1796 se nombra “otra casa nueva, llamada La Venta”. En 1887 ya consta como “vivienda y taberna”.

Pero en el barrio de San Baskardo los hechos  fueron de otra forma. (La tierra convulsa ,332 -371)

“...fue un Ermo quien, allá por el siglo XIII, convirtió en mostrador el misterioso catafalco aparecido en la playa de Arrigúnaga (...)que rodeó de paredes y techo y se convirtió en La Venta”(La tierra ,92)

Una mañana neblinosa Etxe, el tempranero, el gran madrugador, el que bajaba diariamente a la playa de Arrigúnaga para ver lo que las olas habían dejado en la arena,  encuentra  un enorme bloque de  madera. “Aquí hay madera para tres inviernos”, le dice uno de los que al cabo del día merodeaban allá viendo la gran cosa.

El problema será cómo subirla hasta el pueblo. Etxe confía en su burro. Pero entre los curiosos nadie apuesta por el burro. Es demasiado pesada.

 Como el burro no ha podido, Etxe consiente en que sea Larreko con sus bueyes, los más poderosos de la zona, el que lo intente. Pero Etxe deja constancia de que la madera es suya porque la ha visto primero.
Y comienzan las apuestas por ver si los bueyes de Larreko podrán moverla o no.

Los bueyes comienzan el arrastre. Y se abre el gran interrogante que hasta día de hoy perdura: ¿De quién será la madera, de Etxe que la vio primero o de Larreko por subirla hasta el barrio? Las apuestas, ahora, son sobre la propiedad de lo encontrado. 

 Al anochecer paran el arrastre. Y al amanecer se reanuda. Llegan por la tarde hasta la Campa del Roble, al pie del gran árbol. Y ahí se queda porque uno de los bueyes muere por el esfuerzo.
La disputa entre los dos por la propiedad de  la madera continúa. “Yo la vi primero”, recuerda Etxe.  “Sin mis bueyes no sería de nadie, sino de la mar” le responde siempre Larreko.

Así siguió la disputa durante tres o cuatro años. ¿De quién era la madera? Cada día se formaba la tertulia alrededor de la madera. Allí llegaba la gente con “alforjas de alimentos y bebidas”. El txacolí corría felizmente entre los tertulianos. Y las apuestas continuaban.

Pero fue uno de la estirpe de los Ermo quien, saltando al otro lado de la madera, se puso a servir el txacolí y a cobrarlo en especie. Aquella madera ya tenía otro sentido. La Madera ahora era el Mostrador. Ermo inició el tiempo de los venteros, taberneros, barmans…

 Pasan las generaciones y el dilema de la propiedad entre Etxe y Larreko sigue sin resolverse. Descendientes suyos siguen su porfía y descendientes de Ermo siguen tras el mostrador. Y los descendientes de los apostantes siguen con sus apuestas que pasan a la siguiente generación.

 Y es a finales de la cuarta generación cuando sucedió el episodio de Totacoxe, chica de quince años a la que iban a arrojar por La Galea por un embarazo de  pecado y que al pasar por delante del Gran Árbol en La Campa del Roble dijo que veía un Ángel en el árbol.

Y allí se personó el obispo de Iruña para dar fe del milagro y poner el punto exacto donde se debería edificar una ermita.

“Dice la leyenda que los ojillos de Ermo brillaron con fulgor singular (...) y, de pronto, se puso a abrir una zanja alrededor del Mostrador para levantar muros. La Venta, pues.” (Verdes v. 358)

Han pasado siglos y la controversia continúa:
Roque Altube está en La Venta esperando que Zacarías Ermo abra. Pide aguardiente. Entra Martín Larreko. Roque retoma la controversia sobre la propiedad de la Madera, el Mostrador.  ( La tierra convulsa, 637-649)

Pasa el tiempo y   Roque con su idea de un sindicato que le quite a Ermo lo que se ha apropiado, mientras esperan que Las Juntas de Gernika decidan de quién es el Mostrador: de los Etxe o los Larreko.” Estoy en la mesa del rincón con Bertol Sangroniz, Deunoro Etxe, Martín Larreko, Lander Bukua, Antón Basurto y Martico “(Los cuerpos desnudos, 69-75)









miércoles, 1 de enero de 2014

El barrio de SAN BASKARDO






 “La Iglesia de san Baskardo se alzaba en un alto, a la izquierda del camino que conducía a la playa de Azkorri”. (La tierra convulsa, 58)


EL BARRIO DE SAN BASKARDO

El barrio de San Baskardo en la ficción pinillesca, “barrio matriz de Getxo”,  es el barrio de Andra Mari. Este  fue uno de los dos núcleos medievales que está en el germen de la ciudad que hoy conocemos como Getxo. 

El nombre de Andra Mari le viene dado por la Iglesia dedicada a la Virgen Maria, Andra Mari en euskera. En la ficción pinillesca esta Iglesia está dedicada a San Baskardo, el primer mártir del santoral vasco de la zona. Y de él el nombre del barrio de San Baskardo en su Trilogía.

Y esta es la historia.
Era Domingo. En La Venta, taberna de chiquiteo y de encuentro del barrio,  iba a haber un gran banquete. Un banquete donde se serviría la carne asada de aquellas llamas traídas del Perú que habían asolado el barrio y, finalmente, acosadas, cazadas y muertas en el palacio de la marquesa Oiandía. Todo el pueblo estaba invitado. Las sociedades gastronómicas organizaban el banquete. Habría música, competición de arrastre de bueyes y de bertsolaris.

Entre los bertsolaris destacaba uno al que su naturaleza enfermiza no le había dado descanso. Sufrió  todas las enfermedades posibles y de todas se había ido salvando de milagro. Era de cuerpo muy débil pero tenía un don especial para las narraciones versificadas. Y cualquier tema le daba pie para cantar viejas historias de tiempos remotos que nadie entendía.

La comilona iba acabando y era el momento de los bertsolaris para lucir su ingenio y gracia.Todos los comensales lo estaban esperando.  Había empezado su competición que debía versar sobre temas de vinos y aguas.  Y siendo el turno el de aquel bertsolari enfermizo, justo entonces pasaba ante La Venta con un venado al hombro, camino de sus tierras de Sugarkea, Kume Baskardo, descendiente de la  antiquísima estirpe de los Baskardos de Sugarkea. Al verlo pasar, su cuerpo debilucho adquirió “una dureza de trance”… y  comenzó a cantar viejas historias de los Baskardo que nadie conocía o recordaba.

Y entre las viejas historias les cantó que una madrugada llegó a Arrigúnaga un chinchorro con un viejo de barba blanca, vestido de harapos. Al verlo, el patriarca Baskardo bajó a la playa para detener su avance.
-          Ave Maria Purísima- saludó el viejo
-          No queremos forasteros,- le atajó, seco, el Baskardo
-          Yo no vengo a robar sino a dar,- dijo, manso, el recién llegado.
-          Precisamente es lo que no nos gusta de los forasteros, que nos traigan cosas,- le espetó el Baskardo
-          Yo no traigo cosas; traigo todo,- dijo sacando un muñeco cosido a unos palos en forma de cruz.

Como la debilidad del anciano, después de la travesía, era grande, y sus piernas ya no le aguantaban, el Baskardo, hospitalario, lo llevó a casa. Y durante dos días le dio colchón y lo alimentó con pan de encina. Cuando el anciano despertó, le empezó a hablar de su Dios, el Baskardo le cortó diciendo que tenían a Urtzi; el anciano le habló de La Virgen y Baskardo le replicó que tenían a Amai; y, cuando aquel anciano le quiso hablar de la cruz y de Jesucristo, el Baskardo le nombró el lauburu. ”Todo eso ya lo teníamos nosotros”.

Salió el recién llegado de casa del Baskardo y fue por las tierras fascinando a sus oyentes con el relato de la paloma que todos los humanos tienen en el pecho y que, al morir, sale del pecho y vuela hacia el cielo para reunirse con Dios.

Al ver el Baskardo que había cobijado un cuervo, fue a su encuentro y se lo llevó a Arrigúnaga para botarlo en el chinchorro. Pero fueron interceptados y capturados los dos por un piquete de legionarios romanos que, desde hacía tiempo, perseguía al predicador de la religión prohibida. Al fin lo habían encontrado.

Como castigo ambos fueron crucificados en la cruz. El Baskardo no quiso oponerse y nada quiso decir para que no le tomaran por cobarde. Y estando en la cruz les gritaba a los suyos: "¡No creáis lo que estáis viendo!"

Murió, por tanto, como un mártir más del cristianismo y tres siglos más tarde  subió a los altares.

Y les cantó el bertsolari que, cuando el señor de Goitsu mandó construir una iglesia, eligió para ella el santo del lugar  (¡Recuerda, oh recuerda ! pág150 y ss , cuento recogido en Los cuentosed. Tusquets)



miércoles, 4 de diciembre de 2013

Ruta por el Getxo de Pinilla


Fue en la primavera de 2010 cuando, después de varios encuentros, Lucía, Anabel y yo organizamos la ruta literaria por el Getxo de Pinilla. 

 Lucía Martínez Odriozola es profesora de periodismo de la UPV, amiga personal del escritor con el que colaboró en la revista Galea dirigida por él y partícipe del taller literario que Pinilla dirige en Getxo desde hace más de 30 años.  Cena homenaje a Pinilla de los talleristas

Anabel Regalado trabaja en la Kultur Etxea de Getxo y fue la promotora de la edición de un pequeño libreto con citas del autor y fotos de algunos lugares donde se haría una parada explicativa. El libreto se puede ver accediendo a la página web de la Kultur Etxea. Mira aquí

                                          Junto a la Iglesia de San Baskardo

Y ésta fue la ruta inicial: 
  1. Avenida Algorta. Localización de la LIBRERÍA BELTZA (Sólo un muerto más) con Sancho Bordaberri de librero-detective. Hece unos años fue la librería Antares. El local es hoy una tienda de delicatessen
  2.  Inicio de la calle Sarrikobaso. "La cadena". Muy cerca vive el padre de la señorita Mercedes, la maestra, en la Trilogía. Narradora de la introducción y epílogo de La higuera
  3. Bajando la calle hasta el cruce de Venancios ( “cruce de Loparkobaso” ). En lo que es hoy un parque infantil allí sitúa Pinilla la  mansión de los Oiandía y, enfrente, el  palacio árabe de Ella.
  4. Desde aquí se enfila hacia el barrio de Andra Mari ( “barrio de San Baskardo”, en su obra) donde se encuentran ni más ni menos que La venta, la Ermita del Angel, La Iglesia de San Baskardo y el edificio de La Blasa.(Trilogia Verdes valles, colinas rojas: I la tierra convulsa, II Los cuerpos desnudos, III Las cenizas del hierro)
  5. Por un magnífico paseo ajardinado se sube hasta La Galea. El cementerio es lo primero con que topamos (entonces no había publicado El cementerio vacío). Andando hacia el acantilado de La Galea, a un lado, un poco lejos se ve el viejo fuerte y a otro el Molino, mencionados de pasada en algunas obras.
  6. Bajando hacia la playa se pasa por las campas de Arrigúnaga donde existió el caserío Arrune, (Las ciegas hormigascaserío en el que Pinilla pasó los veranos hasta que se produjo la guerra civil.
  7. Y se llega al lugar mítico de Pinilla. La playa de Arrigúnaga. Aquí empezó la vida sobre la tierra. ( Andanzas de Txiki Baskardo). Y en esta playa recrea escenas de amor, de muerte, de violaciones, de humor... Playa con las ruinas del viejo castillo y sus tamarises y sus piedras con nombre propio, la roca Abasota, la peña de Kobo...
  8. Desde esta playa de Algorta se sube hasta el cruce de San Martín con Andrés Cortina ( “cruce de Cuatro Caminos”). Lugar mencionado en casi todas sus obras, donde sitúa viviendas, tiendas, encuentros.. Cerca está  la escuela de D. Manuel y un poco más allá la iglesia de Los Trinitarios, muy mencionada por el escritor. 
  9. Siguiendo la cercana avenida Basagoiti ( “avenida Larragoiti”) o bien desde este cruce, se puede llegar al  Puerto Viejo, presente en su obra con personajes que lo habitan y con recuerdos de su infancia.
  10. Y para los muy andadores, siguiendo el paseo por la playa de Ereaga se llega a Punta Begoña, en donde la ficción pinillesca sitúa “el palacio El Galeón”, en el barrio exclusivo de Neguri. El palacio El Galeón será la vivienda de Ella y su familia.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cuando las ciegas hormigas...

 Campas de Arrigúnaga. Aquí sitúa Pinilla el caserío Jáuregui
                                                        de Las ciegas hormigas.

Ramiro Pinilla se había trasladado de Bilbao a su nueva casa, todavía no acabada, en Getxo. Allí vivía con su mujer y sus tres hijos.Sacando tiempo de donde podía, había ido escribiendo una novela que presentó al premio Nadal. Había tardado siete meses crearla. El título: LAS CIEGAS HORMIGAS. Era el día de Reyes de 1961. Su novela sería la ganadora del Nadal 1960.

En esta novela es donde hace suyo el territorio, Getxo,donde se desarrollará la acción de la mayoría de sus novelas, con lugares, personajes y mitos que aquí aparecen. El acantilado de La Galea, el viejo fuerte, el faro, el cementerio, las ruinas de un castillo, la playa...

Así comienza la novela: “Estaba junto al padre mirando el barco de 5000 tonelada que sabíamos que se iba a hundir irremediablemente” Y una pocas líneas más adelante…“A duras penas nos manteníamos en aquel borde de la costa de la Galea, a cien metros sobre las peñas”.

Si alguien se deja ir por este territorio, “por la meseta de La Galea que corre sobre los acantilados y que arranca a 80 metros medidos en la vertical sobre la misma playa, para dirigirse, en levísima pendiente, hasta Punta Galea y el faro…” ( 72) encontrará hoy mucha gente paseando, gente en bici, gente haciendo footing, y otros sentados en los bancos de un esta meseta urbanizada que invita a la relajación y al disfrute del paseo, al ensimismamiento y al disfrute del entorno . Las edificaciones quedan algo apartadas.

Al poco rato de iniciar la subida en suave pendiente se pasa por delante del “viejo molino” con sus aspas, antes “abandonado” y hoy convertido en un elegante restaurante.

Antes, hace muchos años, existía una“ (…) carretera de La Galea, que no era más que una vía más ancha que un sendero y menos ancha que una carretera secundaria, limitada por la abundante argoma erizada de pequeños pinchos…” (76) Ahora la subida hasta el fuerte y el faro se puede hacer por diversos caminos y senderos. Algunos de ellos, muy estrechos, atraviesan esa argoma pinchosa y alguno de ellos te lleva hasta el borde del acantilado. En algún lugar del acantilado, antes, debió haber un “sendero de cabras del acantilado” (86) que comunicaba con la base de la pared rocosa.

Siguiendo la ascensión pero por un camino ahora asfaltado se pasa por delante del cementerio de Algorta, lindando con los pinares de la “explanada rocosa de La Galea” (33); pinares”que se extendían desde La Galea a lo largo de toda la costa, por Sopelana y Barica y Plencia, kilómetros y kilómetros” (76)donde iban los lugareños próximos y lejanos a coger piñas y ramas para el fuego. Cuando se llega al punto más alto de la meseta se encuentra uno con “el viejo fuerte” donde alguno de los que van a recoger el carbón, en la novela, ya han colocado el trípode con su polea en la orilla del monte. “Era el mejor sitio, junto al muro del viejo fuerte” (77), “bajo el sonido de le sirena del faro y de los destellos que cruzan el espacio como una espada manejada por un gigante” (79) El fuerte alberga un faro que dicen ser el más antiguo de Bizkaia. Y el fuerte de La Galea, que lo alberga es, dicen también, el único que tiene su figura pétrea bien conservada. De los 18 fuertes que debió haber en Bizkaia en el XVIII sólo quedan restos de dos o tres. Y el de La Galea es el que resiste casi entero.

Y en medio de la playa como testimonio de un tiempo remoto en que estratégicamente dominaba la playa queda “un conjunto de viejos muros de piedra de arenisca”, “sin forma adivinable de castillo” que según la leyenda debió ser construido por los moros.

Por este escenario del caserío y todos sus alrededores ha paseado durante más de 60 años, primero de niño, luego de adulto y después de mayor. Y sigue paseando ahora ayudado de un bastón.

Pero no es solamente es este escenario alrededor de La Galea, el real. Es el barrio de Algorta, el que está presente en la novela. “La trainera del Puerto de Algorta!” es la que gana la regata y, como vencedores “la tripulación debería realizar un recorrido por El Abra, para que la gente de nuestro pueblo nos contemplara a su gusto” (108)

Cuando desde la playa vas al centro de Algorta, se sube una cuesta, al principio suave pero que en su último tramo se empina. “Desde lo alto de la cuesta se divisaba “el caserío, allá abajo, casi oculto entre higueras y parras, a un tiro de piedra de la playa” (231). Esta cuesta lleva al cruce de Cuatro Caminos ( por qué tantas localizaciones en este cruce????)donde estaría la tasca frecuentada por Juan, el cuñado de Sabas.

Muy cerca del cruce, a un centenar de metros, se puede oír “sonar las campanas de la torre de los Trinitarios anunciando la misa” llenando el ambiente de sonido de domingo) (169). También muy cerca del cruce bajando ligeramente se llega “a la plaza de Algorta, la Plaza, donde se celebraba mercado los jueves, sábados y domingos: una explanada con suelo de cemento, en medio del pueblo, ante el edificio que albergaba al juzgado y la escuela y, en su planta, el frontón de pelota;”(164)

Esta novela marca el inicio de un cambio de estilo en su escritura y en ese "mundo cerrado", en esa "novela infinita" que tiene a Getxo por escenario. Faulkner es su referencia literaria. "Gracias a él descubrí los mundos cerrados y ya no me interesó contar historias sueltas", ha repetido en muchas ocasiones.